Point-of-Inflexion
Últimamente mi vida ha ido bastante bien servida, viento en popa: No quiero decir que estupendísimamente, pero muy bien servida de vida, de eventos, de encuentros, de risas… De todas esas cosas que suelo decir que evitamos que nos pasen por miedo a que salgan mal.
Pues bien: han salido bien, han salido mal y al final, soy feliz. Ahora mismo no reboto de alegría, pero me siento vivo de narices.
Durante la época de exámenes, la cual es, por definición, alienante, he conseguido llevar un ritmo de vida bastante divertido, interesante e incluso mágico.
‘Descubierto he’ un grupo que ya tenía por el cerebro dando vueltas y que ahora se me ha metido hasta los calzoncillos: Blink-182. No es un grupazo, o sí. Pero lo importante es que me ha acogido de puta madre mientras yo me abstraía en mis ciencias, palabras y esquemas. Y cuando levantaba la cabeza, ya fuese por dolor de cuello o ganas de comprobar que la realidad seguía en su sitio, esta música le daba un especial sentido y una continuidad a todo lo que estaba haciendo yo allí en solitario y a todo lo que estábamos haciendo los estudiantes allí en conjunto.
Todos juntos luchando por quitarnos asignaturas y exámenes de encima, algunos intentando aprender algo por el camino, pero todos dando nuestras neuronas y nuestro cuerpo por escapar de ello y volver a tener tiempo para vivir, para reír, para sentir, para ladrar, jugar y cantar ya sea borrachos o ebrios por alcohol, felicidad o vida.
Al final los exámenes de septiembre resultaron provechosos: me plantaron un 8 y un 7′6 que yo aclamé y exhalé al conocer. Ahora mismo me pregunto si de verdad tenía esa nota: En general hubo notazas y es algo que siempre me escama: la ‘caja negra’ de este sistema de evaluación: De vez en cuando hay mega-notas y de tanto en cuanto no aprueba ni el tato. Y claro, como parte del pópulo, me cuesta mogollón pensar que somos una sociedad de hormigas tan síncrona que para febrero no estudiamos nada y para septiembre nos dejamos los cuernos, cuando la otra opción es pensar que ellos tienen unos cupos y unas cifras que ‘mantener’ y a ello se dedican, remarco, a ‘mantenerlas’.
Pero bueno, eso no es lo que me preocupa ahora. Tengo que elegir y planear los siguientes 9 meses de mi vida, que de primeras, planeo que sean 9 y no 10, ‘es decir que yo digo que:’ a ver si este año me fumo todas las asignaturas y no dejo ninguna para septiembre. No como promesa, no odio septiembre, pero con miras a ampliar un poco más el verano y poder programar un mes más de cosas que quiera hacer. Que tengo un baúl lleno y una cabeza que no para de meter más.
Y a ritmo de ese mismo grupo vuelvo hacia casa en un autobús con ganas de organizarme este nuevo año de estudio y diversión: autodidactismo y risas a mogollón.
Y sin un final más rimbombante ni desenlazante, porque esto no acaba y siempre empieza:
Un saludo, Mario al teclado.